Ni gabardina, ni pipa, ni revólver. Un detective privado real poco tiene que ver con ese cliché tan Holmes y tan manido de la novela negra norteamericana. Sin embargo, adentrarse en los entresijos de esta profesión tiene el enganche de un buen libro de intriga. David M. Blanco, detective privado de la Agencia Gran Vía, en Madrid, nos devela los secretos de su éxito y de una labor para lo que no sólo es importante formarse. Paciencia, creatividad y honestidad cosen el uniforme de un verdadero y buen detective.
“Si hoy es martes, esto es Bruselas”![]()
Pese a que lleva más de diez años dedicándose a esto, David M. Blanco nunca sabe dónde, cómo y cuándo va a terminar su jornada: “Es extraño despertarte dos días a la misma hora. Mi labor se desarrolla cada jornada en un lugar y a una hora diferente”, nos cuenta. Aunque siempre hay alguna tarea más o menos rutinaria: “Ojeo los expedientes mientras desayuno, repaso las informaciones obtenidas el día anterior, planifico la tarea operativa y me pongo en marcha: sé a que hora salgo de casa, pero desconozco a qué hora volveré”.
David pasa “largas horas indagando o vigilando a algún objetivo; hoy empiezo en Madrid y acabo durmiendo en Bruselas, por supuesto sin posibilidad de hacer ningún tipo de equipaje”, una tarea que a veces combina con la docencia: “En invierno conjugo el trabajo operativo con colaboraciones en la universidad, donde encuentro la calma y el sosiego, y el resto del tiempo lo empleo en dirigir y organizar la agencia”.
El 'detective de familia', un profesional en auge![]()
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Pero, ¿qué es exactamente un detective privado? “Generalmente nuestro trabajo consiste en obtener información para la resolución jurídica de algún tipo de conflicto, bien sea laboral, civil, mercantil, familiar, etc… aunque en ocasiones la sola falta de información constituye el núcleo del conflicto en sí mismo, como sucede en el ámbito sentimental de la persona. (Sospechas de infidelidad conyugal, conductas dudosas, etc…)”
En la Agencia Gran vía ofrecen servicios en todas las áreas, aunque últimamente hay una demanda en auge: los conflictos familiares (divorcios contenciosos, insolvencias fingidas, etc…). “Hemos visto la necesidad de especializarnos en conflictos de familia, creando un departamento exclusivo de “detectives de familia”, donde estamos en contacto continuo con psicólogos, abogados, mediadores familiares, trabajadores sociales, etc...”, explica Blanco.
Una forma de vida
Pese a lo atractivo de esta profesión, el ser detective no es una tarea sencilla: “Requiere de mucho esfuerzo y dedicación absoluta. Diría que más que una profesión es una forma de vida. El trabajo del detective es eminentemente práctico, y a la vez creativo, es una tarea lógica y reflexiva, y a la vez con grandes dosis de acción e improvisación. No todo el mundo está dispuesto a trabajar sin horarios, fines de semana, noches, … y estar expuesto a todo tipo de circunstancias extremas”, aclara.
“Cuando empecé a trabajar en el sector lo que más me impactó fue la cantidad de horas que pasas solo, a la espera de que suceda algún acontecimiento. No siempre una persona está preparada para aguantarse a sí misma durante doce horas, un día tras otro; lo primero que se ha de aprender es a ser paciente, encontrar la calma y cultivar una personalidad equilibrada para superar con éxito las desavenencias a las que se está expuesto durante las largas jornadas.
“No siempre es agradable
tener que destapar un engaño,
una mentira o un fraude”
Como toda profesión, la de detective tiene sus pros y sus contras. Para nuestro protagonista, “lo mejor es saber que con tu tarea estás ayudando a alguien, y lo peor es sencillamente que otra persona puede salir desfavorecida”. Y continúa: “Es cierto que los DP únicamente registramos aquellos hechos o conductas que existen, tratando de no influir en el entorno social o familiar del investigad@, e informando de manera completamente objetiva e imparcial acerca de lo que puede favorecer como perjudicar a nuestro cliente.
Pues, tal y como él mismo cuenta, “la realidad es cruda, y a veces no es agradable tener que destapar un engaño, una mentira, una traición, un fraude”. Sin embargo, la contratación de un detective privado “es completamente legítima, y todos tenemos derecho a conocer la verdad de lo que acontece en torno a nuestra vida social, familiar, laboral, sobre todo cuando se trata de proteger nuestros intereses, o de alcanzar nuestras expectativas de felicidad”.
“La formación es importantísima”
"Todo el mundo tiene una idea preconcebida de lo que representa la palabra 'detective”, explica Blanco, pero “afortunadamente nada tenemos que ver con esa errónea figura, ya que en nuestro país los DP son profesionales formados en centros universitarios, más cerca de los abogados y los psicólogos que de los agentes de la autoridad”.
Para este detective, la formación en este sector es fundamental, “de hecho es un trabajo multidisciplinar, donde hay que tener conocimientos desde psicología a la hora de entrevistarse con la gente, hasta psicopatología aplicada para detectar posibles trastornos de clientes cuando existe un alto grado de fantasía en sus argumentaciones… La sociología nos ayuda a interactuar con seguridad en los diferentes medios, rural, urbano… y hay que tener también una base sólida de conocimientos de derecho actualizados constantemente.
Otras áreas en las que también es preciso tener conocimientos son la formación técnica, la mercantil, económica..."También es importante estar en continuo contacto con las nuevas tecnologías, tener conocimientos de electrónica, internet y de técnicas audio-visuales. En la universidad donde colaboro mi máximo interés es trasladar a los alumnos que en investigación privada hemos de tener nuestro propio manual, elaborarlo a partir de la experiencia de cada día, y aplicar y cultivar constantemente el sentido común.”
EL CONSEJO
"Un detective ha de tener una gran capacidad de gestión y un temple especial para no resultar afectado. El detective ha de ser paciente, discreto, honesto, imparcial…y lo más importante es tener una mente equilibrada y una gran concentración para pasar de la reflexión a la acción en décimas de segundo".